Los hijos son la herencia del Señor, y somos responsables ante él
por el manejo de su propiedad.
Una casa sin hijos es un lugar desolado. El corazón de quienes
la habitan corre peligro de volverse egoísta, de amar su propia comodidad y de consultar sus propios deseos y conveniencia. Procuran
simpatía para sí, pero tienen poca que conceder a otros
La simpatía, la tolerancia y el amor que se requieren para tratar
con niños serían una bendición en cualquier familia. Suavizarían y
subyugarían los rasgos de carácter asentados en quienes necesitan
ser más animosos y apacibles. La presencia de un niño en una
casa endulza y refina. Un niño criado en el temor del Señor es una
bendición.6
El cuidado y el afecto hacia los niños que dependen de nosotros
elimina la tosquedad de nuestra naturaleza, nos infunde ternura y
simpatía y ejerce influencia en el desarrollo de los elementos más
nobles de nuestro carácter

Los hijos son confiados a sus padres
como un cometido precioso, que Dios requerirá un día de sus manos.
Debemos dedicar a su preparación más tiempo, cuidado y oración.
Necesitan que les demos más instrucción de la clase apropiada....
Recordad que nuestros hijos e hijas son miembros más jóvenes
de la familia de Dios. El los confió a vuestro cuidado, a fin de que
los eduquéis para el cielo. Tendréis que darle cuenta de la manera
en que cumpláis vuestro encargo sagrado.
Todo niño traído al mundo es
propiedad de Jesucristo y por precepto y ejemplo se debe enseñar a
amar a Dios y a obedecer; pero la gran mayoría de los padres han
descuidado la obra que Dios les dio y no han educado ni preparado a
sus hijos, desde el amanecer de la razón, para que conozcan y amen a
Cristo
consideremos el círculo de la familia como una escuela, en
la cual preparamos a nuestros hijos para el cumplimiento de sus
deberes en el hogar, en la sociedad y en la iglesia
Es un hecho triste,
aunque universalmente admitido y deplorado, que la educación en
el hogar y la preparación de la juventud actual han quedado descuidadas. No hay campo de acción más importante que el señalado a los
fundadores y protectores del hogar. Ninguna obra encomendada a
seres humanos entraña consecuencias tan trascendentales como la
de los padres y madres.
Los jóvenes y niños de la actualidad determinan el porvenir de
la sociedad, y lo que estos jóvenes y estos niños serán depende del
hogar. A la falta de buena educación doméstica se puede achacar la
mayor parte de las enfermedades, así como de la miseria y criminalidad que son la maldición de la humanidad. Si la vida doméstica
fuera pura y verdadera, si los hijos que salen del hogar estuvieran debidamente preparados para hacer frente a las responsabilidades de
la vida y a sus peligros,
La condición física y mental de los
padres se perpetúa en su posteridad. Este es un asunto que no se
considera debidamente. Cuando quiera que los hábitos de los padres
contraríen las leyes físicas, el daño que se infligen a sí mismos se
repetirá en las generaciones futuras....
Mediante la cultura física, mental y moral todos pueden llegar
a ser colaboradores de Cristo. Muchísimo depende de los padres.
A ellos les toca decidir si traerán al mundo hijos que serán una
bendición o una maldición
La educación comienza en el hogar.
En el hogar es donde ha de empezar la educación del
niño. Allí está su primera escuela. Allí, con sus padres
como maestros, debe aprender las lecciones que han de
guiarlo a través de la vida: lecciones de respeto,
obediencia, reverencia, dominio propio. Las influencias
educativas del hogar son un poder decidido para el bien o
el mal. Son, en muchos respectos, silenciosas y
graduales, pero si se ejercen de la debida manera, llegan a
ser un poder abarcan para la verdad y la justicia.
Si no
se instruye correctamente al niño en el hogar, las malas influencias lo
educará por instrumentos elegidos por él.
En su sabiduría el
Señor ha decretado que la familia sea el mayor agente educativo. En
el hogar es donde ha de empezar la educación del niño. Allí está su
primera escuela, allí, con sus padres como maestros, debe aprender
145
146 El Hogar Cristiano
las lecciones que han de guiarlo a través de la vida: lecciones de
respeto, obediencia, reverencia, dominio propio. Las influencias
educativas del hogar son un poder decidido para el bien o para el
mal. Son, en muchos respectos, silenciosas y graduales, pero si se
ejercen de la debida manera, llegan a ser un poder abarcante para
la verdad y la justicia.
Grave perjuicio para las madres, los hijos y la sociedad
Los padres deben tener siempre presente el bien futuro de sus
hijos. No deben verse obligados a dedicar cada hora al trabajo pesado
a fin de proveer lo necesario para la vida.
Antes de aumentar su familia, deben considerar si el traer hijos
al mundo habría de glorificar a Dios o deshonrare. Deben procurar
glorificar a Dios por su unión desde el principio, y durante cada año
de su vida matrimonial.
La salud de la madre es importante
En vista de la responsabilidad que incumbe a los padres, ellos deben considerar cuidadosamente si el traer hijos a la familia es lo que más conviene.
¿Tiene
la madre suficiente fuerza para cuidar de sus hijos? Y ¿puede el
padre ofrecer las ventajas que amoldarán y educarán correctamente
al niño? ¡Cuán poco se tiene en cuenta el destino del niño! Sólo se
piensa en satisfacer la pasión, y se imponen a la esposa y madre
cargas que minan su vitalidad.
Con la
salud quebrantada y el ánimo abatido se ve rodeada de un pequeño
rebaño al cual no puede atender como debiera.
Otros factores que deben considerarse
Dios quiere que los
padres actúen como seres racionales y vivan de tal manera que
cada hijo reciba la debida educación, y que la madre tenga fuerza
y tiempo para emplear sus facultades mentales en la disciplina de su hijo. Ella debe tener valor para desempeñar noblemente su parte.
El esposo y padre debe considerar todas estas cosas, no sea que
su esposa se vea recargada y así abrumada de abatimiento. Debe
procurar que la madre de sus hijos no se vea en situación tal que no
pueda atender con justicia a su hijo y darles la
debida preparación.4
Los padres no deben aumentar sus familias más ligero de lo
que pueden cuidar y educar debidamente a sus hijos.
El hogar
El hogar ha de ser el centro del afecto más puro y elevado. Cada día deben fomentarse con perseverancia la paz, la armonía, el afecto y la felicidad,
hasta que estos bienes preciosos moren en el corazón de los que componen la familia. La planta del amor debe nutrirse cuidadosamente;
de lo contrario morirá. Todo principio bueno debe ser cultivado si
queremos que florezca en el alma. Debe ser desarraigado lo malo que se planta en el corazón: la envidia, los celos, las malas
sospechas, la maledicencia, la impaciencia, el prejuicio, el egoísmo, la codicia y la vanidad. Si se permite que permanezcan estos
malos rasgos en el alma, darán frutos que contaminarán a muchos.