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martes, 22 de octubre de 2019

"Padres Primerizos"

Los hijos son la herencia del Señor, y somos responsables ante él por el manejo de su propiedad.


Una casa sin hijos es un lugar desolado. El corazón de quienes la habitan corre peligro de volverse egoísta, de amar su propia comodidad y de consultar sus propios deseos y conveniencia. Procuran simpatía para sí, pero tienen poca que conceder a otros

La simpatía, la tolerancia y el amor que se requieren para tratar con niños serían una bendición en cualquier familia. Suavizarían y subyugarían los rasgos de carácter asentados en quienes necesitan ser más animosos y apacibles. La presencia de un niño en una casa endulza y refina. Un niño criado en el temor del Señor es una bendición.6 El cuidado y el afecto hacia los niños que dependen de nosotros elimina la tosquedad de nuestra naturaleza, nos infunde ternura y simpatía y ejerce influencia en el desarrollo de los elementos más nobles de nuestro carácter
Los hijos son confiados a sus padres como un cometido precioso, que Dios requerirá un día de sus manos. Debemos dedicar a su preparación más tiempo, cuidado y oración. Necesitan que les demos más instrucción de la clase apropiada.... Recordad que nuestros hijos e hijas son miembros más jóvenes de la familia de Dios. El los confió a vuestro cuidado, a fin de que los eduquéis para el cielo. Tendréis que darle cuenta de la manera en que cumpláis vuestro encargo sagrado.
Todo niño traído al mundo es propiedad de Jesucristo y por precepto y ejemplo se debe enseñar  a amar a Dios y a obedecer; pero la gran mayoría de los padres han descuidado la obra que Dios les dio y no han educado ni preparado a sus hijos, desde el amanecer de la razón, para que conozcan y amen a Cristo
consideremos el círculo de la familia como una escuela, en la cual preparamos a nuestros hijos para el cumplimiento de sus deberes en el hogar, en la sociedad y en la iglesia
Es un hecho triste, aunque universalmente admitido y deplorado, que la educación en el hogar y la preparación de la juventud actual han quedado descuidadas. No hay campo de acción más importante que el señalado a los fundadores y protectores del hogar. Ninguna obra encomendada a seres humanos entraña consecuencias tan trascendentales como la de los padres y madres. Los jóvenes y niños de la actualidad determinan el porvenir de la sociedad, y lo que estos jóvenes y estos niños serán depende del hogar. A la falta de buena educación doméstica se puede achacar la mayor parte de las enfermedades, así como de la miseria y criminalidad que son la maldición de la humanidad. Si la vida doméstica fuera pura y verdadera, si los hijos que salen del hogar estuvieran  debidamente preparados para hacer frente a las responsabilidades de la vida y a sus peligros, 
La condición física y mental de los padres se perpetúa en su posteridad. Este es un asunto que no se considera debidamente. Cuando quiera que los hábitos de los padres contraríen las leyes físicas, el daño que se infligen a sí mismos se repetirá en las generaciones futuras.... Mediante la cultura física, mental y moral todos pueden llegar a ser colaboradores de Cristo. Muchísimo depende de los padres. 
A ellos les toca decidir si traerán al mundo hijos que serán una bendición o una maldición
La educación comienza en el hogar. En el hogar es donde ha de empezar la educación del niño. Allí está su primera escuela. Allí, con sus padres como maestros, debe aprender las lecciones que han de guiarlo a través de la vida: lecciones de respeto, obediencia, reverencia, dominio propio. Las influencias educativas del hogar son un poder decidido para el bien o el mal. Son, en muchos respectos, silenciosas y graduales, pero si se ejercen de la debida manera, llegan a ser un poder abarcan  para la verdad y la justicia.

Si no se instruye correctamente al niño en el hogar, las malas influencias lo educará por instrumentos elegidos por él.
En su sabiduría el Señor ha decretado que la familia sea el mayor agente educativo. En el hogar es donde ha de empezar la educación del niño. Allí está su primera escuela, allí, con sus padres como maestros, debe aprender 145 146 El Hogar Cristiano las lecciones que han de guiarlo a través de la vida: lecciones de respeto, obediencia, reverencia, dominio propio. Las influencias educativas del hogar son un poder decidido para el bien o para el mal. Son, en muchos respectos, silenciosas y graduales, pero si se ejercen de la debida manera, llegan a ser un poder abarcante para la verdad y la justicia. 
Grave perjuicio para las madres, los hijos y la sociedad
Los padres deben tener siempre presente el bien futuro de sus hijos. No deben verse obligados a dedicar cada hora al trabajo pesado a fin de proveer lo necesario para la vida.
Antes de aumentar su familia, deben considerar si el traer hijos al mundo habría de glorificar a Dios o deshonrare. Deben procurar glorificar a Dios por su unión desde el principio, y durante cada año de su vida matrimonial.
La salud de la madre es importante 

En vista de la responsabilidad que incumbe a los padres, ellos deben considerar cuidadosamente si el traer hijos a la familia es lo que más conviene.
 ¿Tiene la madre suficiente fuerza para cuidar de sus hijos? Y ¿puede el padre ofrecer las ventajas que amoldarán y educarán correctamente al niño? ¡Cuán poco se tiene en cuenta el destino del niño! Sólo se piensa en satisfacer la pasión, y se imponen a la esposa y madre cargas que minan su vitalidad.
Con la salud quebrantada y el ánimo abatido se ve rodeada de un pequeño rebaño al cual no puede atender como debiera. 
Otros factores que deben considerarse
Dios quiere que los padres actúen como seres racionales y vivan de tal manera que cada hijo reciba la debida educación, y que la madre tenga fuerza y tiempo para emplear sus facultades mentales en la disciplina de su hijo. Ella debe tener valor para desempeñar noblemente su parte.
El esposo y padre debe considerar todas estas cosas, no sea que su esposa se vea recargada y así abrumada de abatimiento. Debe procurar que la madre de sus hijos no se vea en situación tal que no pueda atender con justicia a su hijo  y darles la debida preparación.4 Los padres no deben aumentar sus familias más ligero de lo que pueden cuidar y educar debidamente a sus hijos. 
El hogar 
El hogar ha de ser el centro del afecto más puro y elevado. Cada día deben fomentarse con perseverancia la paz, la armonía, el afecto y la felicidad, hasta que estos bienes preciosos moren en el corazón de los que componen la familia. La planta del amor debe nutrirse cuidadosamente; de lo contrario morirá. Todo principio bueno debe ser cultivado si queremos que florezca en el alma. Debe ser desarraigado lo malo que se planta en el corazón: la envidia, los celos, las malas sospechas, la maledicencia, la impaciencia, el prejuicio, el egoísmo, la codicia y la vanidad. Si se permite que permanezcan estos malos rasgos en el alma, darán frutos que contaminarán a muchos. 

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